Pedro de Oraá

23 Oct. 1931

Pedro de Oraá

25 Ago. 2020

… que la mirada testifique y la mano hable por los signos que manchan la superficie desierta ...

Quien es

Pedro de Oraá

Obra destacada

Emblemático, 2014, acrílico sobre lienzo, 150 x 150 cm

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

Poesía Nuestra Generación

Nuestra generación nació en las
catacumbas
de la clase anónima
Nuestra generación era más
pobre que una araña
Nuestra generación se hizo a
empellones
sobre el asfalto y raspando la
piedra

Nuestra generación no conoció
la seda o el lino
sino la arpillera
Nuestra generación no bebió
más que el calostro
y levántate y cae
y levántate y a la calle
Nuestra generación bebió en la
cartilla laica de la escuela de
barrio
la sangre de la letra y el
sobreentendido
Nuestra generación creció en la
hierba del placel
jugando béisbol
al duro y sin guante
y se fue con la de trapo
y en los vientos de cuaresma izó
tímidos volantines
hechos del papel craso de los
víveres
Nuestra generación creció en la
acera
desde ya vilipendiada por los
vecinos
y expulsada de los santos
lugares
Nuestra generación que gozó de
inocencia
y sufrió de inocencia
presa de falsas promesas y
defraudes inducida al error a la
superstición
a la incuria a la mentira
consabida
para teñir la vida como una
broma colosal
Nuestra generación pecó de
incoherente
no faltaron en ella tontos ni
picaros
pero los que se pasaron de listos
ganaron notoriedad de tontos
y los tontos legítimos
franquearon el cielo
Nuestra generación quería
trascender
se esforzó para ello y se dobló
ante los mamotretos
bajo una lumbre mortecina y en
vehemente penitencia
pues afuera titilaba el neón
la humanidad bullía
Nuestra generación maduró de
improviso
sepultó su infancia mutiló su
adolescencia
en la flagrante brega olvidó su
pasado
más remoto a esa hora que en la
edad provecta
no mezclaría más los falsos
héroes
de papel o celuloide
con los próceres de la
Independencia
(ya estaban arribando
los de la praxis de la
Liberación)
y sin mucho pensarlo
empeñaría su pellejo en el
proceso
Nuestra generación no fue
académica
-aunque dio excelentes
profesores-
su mayoría abandonó las aulas
por imperativo económico
y palió esta frustración dolorosa
en los cafetines de la postrer
República
Porque eso sí
nuestra generación fue
tertuliana
y quemó noches y noches en
discusiones febriles
untada del hambre de verdad y
belleza
ahíta de panconmantequilla y
cafeconleche
Nuestra generación que por
tanto dio innúmeros poetas
entre otros diestros de diverso
oficio
y mantuvo su bandera en alto
J
tragando en seco y sin derramar
una lágrima
(los versos quejumbrosos eran
una vergüenza)
y no se dejó apabullar por los
tunantes
ni amilanar por los vientos en
contra
Nuestra generación tuvo por
divisa la resistencia
no la cultiva hoy la asumió
desde siempre
su piel se curtiría con el sol de
la fatalidad histórica
con el salitre del cotidiano
adverso
Y es por esto
nuestra generación está viva
todavía
tiene camino a recorrer actúa
fundida en el torrente
calla o canta si la da la real gana
muestra a los suyos el revés de
los días
y en sus bolsillos aún conserva
el oro
que la hacía rica entre los
pobres
un oro invencible como el polvo
una monedita escasa y
extraviada
que tantos añoran sobre sus
bienes aparentes
y que ya no se acuña:
la ilusión
para pasar
alentados inermes
la arena del desierto
(2005)

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Nuestra generación nació en las catacumbas de la clase anónima
Nuestra generación era más pobre que una araña Nuestra generación se hizo a empellones sobre el asfalto y raspando la Nuestra generación no conoció la seda o el lino sino la arpillera Nuestra generación no bebió más que el calostro y levántate y cae y levántate y a la calle Nuestra generación bebió en la cartilla laica de la escuela de barrio la sangre de la letra y el sobreentendido Nuestra generación creció en la hierba del placel jugando béisbol al duro y sin guante y se fue con la de trapo y en los vientos de cuaresma izó tímidos volantines hechos del papel craso de los víveres Nuestra generación creció en la acera desde ya vilipendiada por los vecinos y expulsada de los santos lugares Nuestra generación que gozó de inocencia y sufrió de inocencia presa de falsas promesas y defraudes inducida al error a la superstición a la incuria a la mentira consabida para teñir la vida como una broma colosal Nuestra generación pecó de incoherente no faltaron en ella tontos ni picaros pero los que se pasaron de listos ganaron notoriedad de tontos y los tontos legítimos franquearon el cielo Nuestra generación quería trascender se esforzó para ello y se dobló ante los mamotretos bajo una lumbre mortecina y en vehemente penitencia pues afuera titilaba el neón la humanidad bullía Nuestra generación maduró de improviso sepultó su infancia mutiló su adolescencia en la flagrante brega olvidó su pasado más remoto a esa hora que en la edad provecta no mezclaría más los falsos héroes de papel o celuloide con los próceres de la Independencia (ya estaban arribando los de la praxis de la Liberación) y sin mucho pensarlo empeñaría su pellejo en el proceso Nuestra generación no fue académica -aunque dio excelentes profesores- su mayoría abandonó las aulas por imperativo económico y palió esta frustración dolorosa en los cafetines de la postrer República Porque eso sí nuestra generación fue tertuliana y quemó noches y noches en discusiones febriles untada del hambre de verdad y belleza ahíta de panconmantequilla y cafeconleche Nuestra generación que por tanto dio innúmeros poetas entre otros diestros de diverso oficio y mantuvo su bandera en alto J tragando en seco y sin derramar una lágrima (los versos quejumbrosos eran una vergüenza) y no se dejó apabullar por los tunantes ni amilanar por los vientos en contra Nuestra generación tuvo por divisa la resistencia no la cultiva hoy la asumió desde siempre su piel se curtiría con el sol de la fatalidad histórica con el salitre del cotidiano adverso Y es por esto nuestra generación está viva todavía tiene camino a recorrer actúa fundida en el torrente calla o canta si la da la real gana muestra a los suyos el revés de los días y en sus bolsillos aún conserva el oro que la hacía rica entre los pobres un oro invencible como el polvo una monedita escasa y extraviada que tantos añoran sobre sus bienes aparentes y que ya no se acuña: la ilusión para pasar alentados inermes la arena del desierto (2005)
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Añade aquí tu texto de cabecera

Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

Libro El instante cernido​

Interregno de la siesta

Señorea el pañuelo de la siesta

y el absurdo procura

el lecho de pétalos polvosos y hojas ahumadas,

el destinatario

entre cegada flora y tierra láctea.

Sequía fina, inviolable:

el trazo del huyente pico

declara su extensión desértica

y las testas guarecidas su llama.

Imperiosa nada, tanda insombre,

su densidad inicia

en cascadas, pompas y destellos.

 

Los palomares de madera crispada

consumen penitentes la ebriedad del bochorno

y en sus cuencas penetra el castigo del instante.

Ardentía festiva,

licúa los pliegues del silencio;

niebla febril asciende

y sus grietas apuran

la remota suave transparencia

en la augusta ceniza de la tarde.

Estancia, tiempos

Otra alborada, nítido, distinto

tapiz de la calleja y la alborada:

estremeces la piedra condenada

a la unidad de su jardín extinto.

Los áureos pabellones en la nada

sumidos, sempiternos, al instinto

de suplirme, desatan su recinto

y surge otro jardín a la mirada.

Lenta mudanza, sorprendente olvido

de lo idéntico: trunca su retorno

por hálito feraz, desconocido.

Ruda calleja, en su cristal perdido

espaciosa renace ¡y ciego torno

la piedra en fascinante parecido!

Limbo

Estuve. Desviví la húmeda entraña

de perenne oquedad, bosque indecible,

noche perdida entre la noche, extraña

nostalgia de mi ser, vago posible.

Era el ámbito innato, la tamaña

soledad estelar, sombra increíble

de infancia discurrida en paz huraña

para mi día, ausencia cognoscible.

Sumí lo oscuro, hueso de su espanto

caricioso, coral: agudo manto

de lo inefable en el oído inerte.

Antiquísimo linde detenido

al acto de la luz; vértice ido;

¿eres mi promisión, eres mi muerte?

Leer más

Interregno de la siesta

Señorea el pañuelo de la siesta

y el absurdo procura

el lecho de pétalos polvosos y hojas ahumadas,

el destinatario

entre cegada flora y tierra láctea.

 

Sequía fina, inviolable:

el trazo del huyente pico

declara su extensión desértica

y las testas guarecidas su llama.

Imperiosa nada, tanda insombre,

su densidad inicia

en cascadas, pompas y destellos.

Los palomares de madera crispada

consumen penitentes la ebriedad del bochorno

y en sus cuencas penetra el castigo del instante.

Ardentía festiva,

licúa los pliegues del silencio;

niebla febril asciende

y sus grietas apuran

la remota suave transparencia

en la augusta ceniza de la tarde.

Estancia, tiempos

Otra alborada, nítido, distinto

tapiz de la calleja y la alborada:

estremeces la piedra condenada

a la unidad de su jardín extinto.

Los áureos pabellones en la nada

sumidos, sempiternos, al instinto

de suplirme, desatan su recinto

y surge otro jardín a la mirada.

Lenta mudanza, sorprendente olvido

de lo idéntico: trunca su retorno

por hálito feraz, desconocido.

Ruda calleja, en su cristal perdido

espaciosa renace ¡y ciego torno

la piedra en fascinante parecido!

Limbo

Estuve. Desviví la húmeda entraña

de perenne oquedad, bosque indecible,

noche perdida entre la noche, extraña

nostalgia de mi ser, vago posible.

Era el ámbito innato, la tamaña

soledad estelar, sombra increíble

de infancia discurrida en paz huraña

para mi día, ausencia cognoscible.

Sumí lo oscuro, hueso de su espanto

caricioso, coral: agudo manto

de lo inefable en el oído inerte.

Antiquísimo linde detenido

al acto de la luz; vértice ido;

¿eres mi promisión, eres mi muerte?

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Libro El instante cernido​

Para Hoy

¿Cómo lograríamos palpar

en el extremo del tiempo que nos ocupa,

el fin de la finalidad ,

el ápex hacia el que nos arrastra

la luz?

¿Quiénes alcanzaría

en la extensión y persistencia de la oscuridad,

lo cierto entre lo incierto?

Hallándonos en el punto más avanzado

de espacio sin anverso o reverso,

¿por qué no sabemos la cifra, el signo y el nombre?

(oh vano imán del sexo, del hogar, del viento.)

Miramos al fondo del abismo:

¿de cuál fuerza sujetos temblamos?

Oh vastedad perseguida, ¿cuándo

ese algo más

respiraríamos al borde del camino,

sin cuyo soplo nada sería?

1948

Poema que pertenece a Suma de Ecos (1948-1952)

Seremos

Decir “te amo”, memoria

de ventanas furtivas

cuyo oculto paisaje es el perfil de la mujer

que me busca con la constancia de los días

y con esa misma constancia

la poseo, la pierdo

en el suave empellón de la mañana:

aguas indiferentes nos arrastran

entre hechiceras luces

a la barbarie de los números,

a la perturbadora voluntad

de otro día…

Decir “te amo” en la gratuidad

de la alegría, en e absurdo de la exaltación,

estremecido con el movimiento de las hojas

al soplo impensado del planeta;

alegría y exaltación de siempre retenerte

del modo que los volátiles espejos

de nuestro espacio alcanzan

y multiplican tu imagen

cuando te nombro en tu torrente.

Decir que existes aún sin explayarse

en mi boca tus pómulos, tangibles

pétalos en el aire recreado.

Y a tus ojos éxito, reconoces

esta fragua de cristales entrevistos;

te acercas, entre ambos

la condenación del amor buscamos

contra la gratuidad de la muerte.

Poema que pertenece a La voz de la tierra (1957-1963)

Para recordar a Fayad Jamís

En el polvo yacía la palabra,

en la agónica luz, la perniciosa

humedad de la covacha. Ociosa

repetida, moría la palabra.

Urgía salir el agua sediciosa

de la noche, buscar en la macabra

calle la lumbre oculta, silenciosa,

del sueño reclamado en la palabra.

Y en otros cielos injuriaba al sueño

la feroz realidad. Sólo el empeño

de consumar el acto abracadabra

de la justicia contra el falso dueño

de los frutos, llevaría al sueño

y nos redimiría en la palabra.

30.XII.1988

Poema que pertenece a Fardo roto (1960-1993)

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Para Hoy

¿Cómo lograríamos palpar

en el extremo del tiempo que nos ocupa,

el fin de la finalidad ,

el ápex hacia el que nos arrastra

la luz?


¿Quiénes alcanzaría

en la extensión y persistencia de la oscuridad,

lo cierto entre lo incierto?

Hallándonos en el punto más avanzado

de espacio sin anverso o reverso,

¿por qué no sabemos la cifra, el signo y el nombre?

(oh vano imán del sexo, del hogar, del viento.)

Miramos al fondo del abismo:

¿de cuál fuerza sujetos temblamos?

Oh vastedad perseguida, ¿cuándo

ese algo más

respiraríamos al borde del camino,

sin cuyo soplo nada sería?

1948

Poema que pertenece a Suma de Ecos

(1948-1952)

Seremos

Decir “te amo”, memoria

de ventanas furtivas

cuyo oculto paisaje es el perfil de la mujer

que me busca con la constancia de los días

y con esa misma constancia

la poseo, la pierdo

en el suave empellón de la mañana:

aguas indiferentes nos arrastran

entre hechiceras luces

a la barbarie de los números,

a la perturbadora voluntad

de otro día…

Decir “te amo” en la gratuidad

de la alegría, en e absurdo de la exaltación,

estremecido con el movimiento de las hojas

al soplo impensado del planeta;

alegría y exaltación de siempre retenerte

del modo que los volátiles espejos

de nuestro espacio alcanzan

y multiplican tu imagen

cuando te nombro en tu torrente.

Decir que existes aún sin explayarse

en mi boca tus pómulos, tangibles

pétalos en el aire recreado.

Y a tus ojos éxito, reconoces

esta fragua de cristales entrevistos;

te acercas, entre ambos

la condenación del amor buscamos

contra la gratuidad de la muerte.

Poema que pertenece a La voz de la tierra

(1957-1963)

Para recordar a Fayad Jamís

En el polvo yacía la palabra,

en la agónica luz, la perniciosa

humedad de la covacha. Ociosa

repetida, moría la palabra.

Urgía salir el agua sediciosa

de la noche, buscar en la macabra

calle la lumbre oculta, silenciosa,

del sueño reclamado en la palabra.

Y en otros cielos injuriaba al sueño

la feroz realidad. Sólo el empeño

de consumar el acto abracadabra

de la justicia contra el falso dueño

de los frutos, llevaría al sueño

y nos redimiría en la palabra.

30.XII.1988

Poema que pertenece a Fardo roto (1960-1993)

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Añade aquí tu texto de cabecera

Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

Poemas de Dísticos díscolos

I

Bienaventurados los que se niegan a sufrir, porque de ellos será el reino de este mundo.

XXVIII

Hacemos tolerable la realidad  si a su penuria le añadimos sueño

LXII

La realidad es incómoda: la vida pasa reajustándose a ella.

I

Bienaventurados los que se niegan a sufrir, porque de ellos será el reino de este mundo.

XXVIII

Hacemos tolerable la realidad  si a su penuria le añadimos sueño

LXII

La realidad es incómoda: la vida pasa reajustándose a ella.

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Libro El instante cernido​

1. LA HOJARASCA

El viento, no el que viene del océano o el que sopla la tierra hacia las aguas, no; un viento de procedencia y dirección desconocidas, un viento deliberado, intencional, asistido de conciencia, un viento ciclópeo, es decir, con un ojo en la frente invisible y una lengua en su extremo de avance para escudriñar los últimos rincones e insuflar en el oído el lastre de ese mensaje infinito y discontinuo por su forma, y finito y continuo por su contenido:

resonancia de las mismas palabras repetidas como las traviesas de rieles borradas por la vertiginosidad de un rostro que vuelve a sí mismo y pregunta al rostro doblado en el cristal de la cabina lo que las nubes lejanas se gritan entre sí, incansablemente, mediante el silencio aprendido de las estrellas.

2. RETÓRICA

Vivimos de la palabra, en la palabra, pero raramente para la palabra. Remitimos ese esfuerzo a los enajenados por la poesía. Si juramos, el rol de juramentado nos fastidia y la palabra empeñada pende del hilo equilibrista. Nada permanece y el honor si no halla ocasión trueca su teñidura. Lo que no cambia es la puesta en escena del habla, nutrida de variaciones semejantes para encubrir lo mismo. Horror de pronunciar la verdad porque a nadie pertenece y por tanto nadie confirmaría no estar obnubilado con una presunción de la verdad, la cual equivale a una mentira. Negar o afirmar en términos de verdad conduciría a inevitable comisión de error o de mendacidad.

3. LOS ESTACIONARIOS

Están ahí, sentados al borde de la acera en espera de nada. No saben esperar porque no conocen la esperanza: no la han sentido nunca e ignoran la figura de esa adopción de estado aparente situado entre el optimismo (sin tocarlo) y el pesimismo (sin dejarse estocar por su espina…): les asiste la ventaja de no haberla perdido si no la han poseído o, para mejor decir, si no han sido poseídos por ella, por la etereidad de su forma —la forma de su figura—, hecha de cosa insuficientemente dura, apenas en equilibrio y a punto de disolverse a la menor contingencia como burbuja saponífera.

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1. LA HOJARASCA

El viento, no el que viene del océano o el que sopla la tierra hacia las aguas, no; un viento de procedencia y dirección desconocidas,

 un viento deliberado, intencional, asistido de conciencia, un viento ciclópeo, es decir, con un ojo en la frente invisible y una lengua en su extremo de avance para escudriñar los últimos rincones e insuflar en el oído el lastre de ese mensaje infinito y discontinuo por su forma, y finito y continuo por su contenido: resonancia de las mismas palabras repetidas como las traviesas de rieles borradas por la vertiginosidad de un rostro que vuelve a sí mismo y pregunta al rostro doblado en el cristal de la cabina lo que las nubes lejanas se gritan entre sí, incansablemente, mediante el silencio aprendido de las estrellas.

RETÓRICA

Vivimos de la palabra, en la palabra, pero raramente para la palabra. Remitimos ese esfuerzo a los enajenados por la poesía. Si juramos, el rol de juramentado nos fastidia y la palabra empeñada pende del hilo equilibrista. Nada permanece y el honor si no halla ocasión trueca su teñidura. Lo que no cambia es la puesta en escena del habla, nutrida de variaciones semejantes para encubrir lo mismo. Horror de pronunciar la verdad porque a nadie pertenece y por tanto nadie confirmaría no estar obnubilado con una presunción de la verdad, la cual equivale a una mentira. Negar o afirmar en términos de verdad conduciría a inevitable comisión de error o de mendacidad.

LOS ESTACIONARIOS

Están ahí, sentados al borde de la acera en espera de nada. No saben esperar porque no conocen la esperanza: no la han sentido nunca e ignoran la figura de esa adopción de estado aparente situado entre el optimismo (sin tocarlo) y el pesimismo (sin dejarse estocar por su espina…): les asiste la ventaja de no haberla perdido si no la han poseído o, para mejor decir, si no han sido poseídos por ella, por la etereidad de su forma —la forma de su figura—, hecha de cosa insuficientemente dura, apenas en equilibrio y a punto de disolverse a la menor contingencia como burbuja saponífera.

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